La segunda vida de una economista y propietaria de una bodega en Mendoza

El tes­ti­mo­nio de Anne Bous­quet sobre su tra­ba­jo en Domai­ne Bous­quet, en una entre­vis­ta publi­ca­da por la revis­ta Forbes.

La segunda vida de una economista y propietaria de una bodega en Mendoza
ANNE BOUS­QUET ES ECO­NO­MIS­TA Y DUE­ÑA DE LA BODE­GA DOMAI­NE BOUS­QUET EN TUPUNGATO.
 

Un anciano res­pi­ró hon­do, inten­tan­do con­tro­lar su inquie­to estó­ma­go. Pre­pa­ra­ba su men­te para escu­char malas noti­cias mien­tras hacía una lla­ma­da vital duran­te la mitad de la noche. Era pro­duc­tor de uvas y enó­lo­go. Duran­te la cose­cha que­ría saber si iba a llo­ver en las horas siguien­tes y qué daños haría. Duran­te esos años llu­vio­sos este anciano, jun­to con su hijo adul­to, ten­dría que pasar días infer­na­les tra­tan­do de cose­char lo más rápi­do posi­ble, ya que cada momen­to per­di­do se tra­du­ci­ría en uvas inu­ti­li­za­bles para un buen vino y, a veces, todo ese tra­ba­jo sólo pro­du­ci­ría muy poco.

Cada año era tre­men­da­men­te estre­san­te, ya que estos hom­bres nun­ca des­car­ta­ban que la natu­ra­le­za les die­ra una sor­pre­sa des­agra­da­ble y que no impor­ta­ba cuán­to tra­ba­ja­ran o qué tan bien salie­ran las cosas al comien­zo de la tem­po­ra­da, por­que su sus­ten­to podría ser arre­ba­ta­do en un ins­tan­te. Una joven que tra­ba­ja­ba en la bode­ga fue tes­ti­go del estrés y la mise­ria que con­lle­va­ba tal camino en la vida y pro­me­tió que, una vez que fue­ra adul­ta, se ale­ja­ría “lo más posi­ble del vino”. Esa niña era Anne Bous­quet, nie­ta e hija de los hom­bres que poseían una bode­ga fami­liar en el sur­oes­te de Francia.

Primera vida

Anne comen­zó a ale­jar­se del vino al reci­bir­se de licen­cia­da en Eco­no­mía de una uni­ver­si­dad en Tou­lou­se. Lue­go, como estu­dian­te de inter­cam­bio en Esta­dos Uni­dos en una uni­ver­si­dad de Min­ne­so­ta, en la que obtu­vo una beca para una maes­tría en Eco­no­mía Apli­ca­da. En el momen­to en que comen­za­ba el camino para una carre­ra exi­to­sa como eco­no­mis­ta, cono­ció a su futu­ro espo­so, un hom­bre de Espa­ña que dedi­ca­do a las finan­zas que final­men­te se con­ver­ti­ría en su socio comercial.

Final­men­te, al mudar­se a Bos­ton, Anne y su espo­so Labid al Ame­ri tuvie­ron éxi­to en sus res­pec­ti­vos ámbi­tos: Anne, al ana­li­zar y hacer pro­yec­cio­nes para la indus­tria del emba­la­je de papel. Des­pués de sie­te años, fue pro­mo­vi­da a un pues­to más alto y se muda­ron a Bru­se­las (Bél­gi­ca).

Duran­te ese tiem­po, el padre de Anne ven­dió todo: los viñe­dos fami­lia­res, la bode­ga y el hogar; y se mudó a Argen­ti­na para plan­tar un viñe­do orgá­ni­co. La bode­ga se lla­mó Domai­ne Bous­quet, en honor al lega­do fami­liar de vinos en Fran­cia. Era 2005 y antes de mudar­se a Bru­se­las, el padre de Anne los lla­mó para pre­gun­tar­les si podían ayu­dar­lo a ven­der su pri­me­ra cose­cha de vinos argentinos.

Labid renun­ció como comer­cian­te para hacer­se car­go de las ven­tas y Anne se tomó cua­tro sema­nas de des­can­so de su tra­ba­jo para poder asis­tir a Pro­Wein (Ale­ma­nia), la mayor feria de vinos en Euro­pa, y rápi­da­men­te ven­die­ron sus vinos orgá­ni­cos; en tres años ven­die­ron un millón de bote­llas por cada uno.

La bodega de la familia francesa Bousquet, en Mendoza.
LA BODE­GA DE LA FAMI­LIA FRAN­CE­SA BOUS­QUET, EN MENDOZA.WEB

Domaine Bousquet

Cuan­do el padre de Anne comen­zó a sen­tir­se abru­ma­do por tener que aumen­tar la pro­duc­ción a medi­da que sus ven­tas aumen­ta­ban sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te, les pre­gun­tó a su hija y yerno si se muda­rían a Argen­ti­na para ayudarlo.

Era 2008: Anne esta­ba hacien­do mala­ba­res con una hija recién naci­da y su tra­ba­jo de tiem­po com­ple­to; su espo­so esta­ba cada vez más ocu­pa­do con las ven­tas de la bode­ga. Sin embar­go, des­pués de diez años en la mis­ma com­pa­ñía, Anne renun­ció y, en mar­zo de 2009, se muda­ron a Tupun­ga­to (Men­do­za).

Ya esta­ban ena­mo­ra­dos de Argen­ti­na cuan­do visi­ta­ron al padre de Anne en 2001 y, como ella dice, “cami­nar por esos viñe­dos tuvo un gran impac­to en noso­tros”. Cier­ta­men­te, fue un desa­fío vivir a una dis­tan­cia con­si­de­ra­ble de cual­quier ciu­dad impor­tan­te, pero pen­só que no ten­drían una gran “vida social con una niña de un año”, pero sí la enor­me tarea de cons­truir la bode­ga más gran­de de vinos orgá­ni­cos en Argen­ti­na. Fue un shock pasar de ser una eco­no­mis­ta en Esta­dos Uni­dos y Euro­pa a vivir en una zona rural de Amé­ri­ca del Sur, sin siquie­ra hablar español.

Pero Anne y su espo­so asu­mie­ron el desa­fío de inver­tir en la bode­ga y en su infra­es­truc­tu­ra y atraer a tra­ba­ja­do­res. Ella siem­pre cre­yó en la capa­ci­ta­ción y pro­mo­ción des­de aden­tro. Una ope­ra­ria, que comen­zó en la línea de embo­te­lla­do, se con­vir­tió en jefa de Com­pras; y un joven de la zona fue envia­do a Nue­va York para rea­li­zar prác­ti­cas en res­tau­ran­tes como coci­ne­ro. Aho­ra es el chef que diri­ge el res­tau­ran­te de la bodega.

Su idea de sus­ten­ta­bi­li­dad no es sólo usar uvas 100 por cien­to orgá­ni­cas, sino tam­bién cons­truir una base para el éxi­to eco­nó­mi­co en la comu­ni­dad que antes no exis­tía. Actual­men­te, el 80 por cien­to de las expor­ta­cio­nes de Domai­ne Bous­quet lle­gan a Esta­dos Uni­dos ya que la deman­da ha aumen­ta­do expo­nen­cial­men­te en la últi­ma década.

Virgen

El año pasa­do deci­die­ron expe­ri­men­tar sin agre­gar sul­fi­tos a un vino tin­to lla­ma­do Vir­gen. Se le dio el nom­bre por­que “no tie­ne pro­duc­tos quí­mi­cos ni sul­fi­tos, por lo que es vir­gen”, dice Anne con su gran y gene­ro­sa sonrisa.

Fue muy direc­ta y hones­ta sobre sus pen­sa­mien­tos sobre el anhí­dri­do sul­fu­ro­so, ya que no está con­ven­ci­da de que cau­se dolo­res de cabe­za. El vino tie­ne una can­ti­dad míni­ma de sul­fi­tos en com­pa­ra­ción con varios ali­men­tos que se con­su­men a dia­rio, como las fru­tas secas. Pero hay una deman­da en los Esta­dos Uni­dos de vinos sin sul­fi­tos aña­di­dos, ya que exis­te una preo­cu­pa­ción gene­ral sobre lo que la gen­te está incor­po­ran­do en sus cuerpos.

Su lan­za­mien­to, en 2019, se ago­tó en poco más de dos meses y se sor­pren­die­ron por su éxi­to. Este año lan­zó Vir­gen Mal­bec y Vir­gen Caber­net Sau­vig­non 2019, así como el Red Blend original.

Virgen red vlend 2018
UNA DE LAS MAR­CAS DE LOS VINOS ORGÁ­NI­COS QUE ELA­BO­RA LA BODE­GA EN TUPUNGATO.WEB

Dos vidas diferentes

Los desa­fíos de cons­truir una bode­ga orgá­ni­ca tan gran­de en medio de un lugar tan deso­la­do en Argen­ti­na eran muchos, pero como dice Anne, “lo haría de nue­vo con los ojos cerra­dos” y es una bue­na lec­ción para “nun­ca digas nun­ca”. Hoy, Anne vive con su fami­lia en Mia­mi. Pero pasa una sema­na al mes en Argen­ti­na para super­vi­sar los tra­ba­jos de la bode­ga, y via­ja a Esta­dos Uni­dos por las ven­tas, al igual que su espo­so. Anne tie­ne la ener­gía y el espí­ri­tu de alguien que está satis­fe­cho y con­ten­to con su vida y le encan­ta la idea de que ha vivi­do “dos vidas diferentes”.

Lo últi­mo que Anne que­ría era invo­lu­crar­se en el mun­do del vino, pero su situa­ción aho­ra es com­ple­ta­men­te diferente.

En Argen­ti­na es fácil cul­ti­var uvas orgá­ni­cas, ya que tie­ne un cli­ma seco y menor posi­bi­li­dad de enfer­me­da­des en los viñe­dos. Los de Domai­ne Bous­quet, de gran alti­tud, son viñe­dos con mucho sol y ase­gu­ran uvas maduras.

La vida de Anne es una prue­ba de que hay muchas vidas den­tro de las per­so­nas y, a veces, tomar el camino no con­ven­cio­nal no siem­pre es una locu­ra. Para algu­nos, su pri­me­ra vida lle­ga a un pun­to en el que gol­pean un muro, y para aque­llos que viven para un desa­fío, ese muro pue­de sig­ni­fi­car que están lis­tos para vivir otra vida, y como en el caso de Anne, la expe­rien­cia de su vida ante­rior y un con­jun­to de habi­li­da­des le per­mi­tie­ron cons­truir una de las bode­gas orgá­ni­cas más gran­des de Argentina.

¿Cuán­tas vidas tie­ne cada per­so­na? Esa pre­gun­ta nun­ca será res­pon­di­da por com­ple­to, excep­to para aque­llos que pue­den vivir dos vidas exi­to­sas, y eso es algo que pare­ce más de lo que cual­quie­ra podría espe­rar alcanzar.

Nota com­ple­ta de Cath­ri­ne Todd en forbes.com

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