VINOS ORGÁNICOS EN ARGENTINA: DIVERSIDAD Y CALIDAD EN EXPANSIÓN

Por: Sebastián Ríos

El avan­ce de los vinos orgá­ni­cos es un fenó­meno glo­bal que atra­vie­sa a todas las cate­go­rías de esta bebi­da: pasó de repre­sen­tar el 1.5% del con­su­mo de vino mun­dial en 2013 a ser el 2.6% en 2018, y se espe­ra que ese cre­ci­mien­to se sos­ten­ga has­ta alcan­zar en 2023 el 3.5%.

En sin­to­nía con esa deman­da, la Argen­ti­na ha incre­men­ta­do y diver­si­fi­ca­do su pro­duc­ción de vinos orgá­ni­cos: cada vez son más las bode­gas que cer­ti­fi­can sus viñe­dos y sus eti­que­tas, en un pro­ce­so que alcan­za tan­to a los peque­ños como a los gran­des productores.

En el auge de la deman­da glo­bal de vinos orgá­ni­cos con­flu­yen dife­ren­tes ten­den­cias, muchas de las cua­les exce­den al mun­do del vino. “Hay una dis­po­si­ción a ali­men­tar­nos de mane­ra más salu­da­ble, a cono­cer qué esta­mos comien­do o toman­do, y los pro­duc­tos orgá­ni­cos en gene­ral y el vino en par­ti­cu­lar sig­ni­fi­can una garan­tía en ese sen­ti­do. Ade­más, el vino orgá­ni­co es más ami­ga­ble con el medio ambien­te y refle­ja más cla­ra­men­te la uva y el lugar del que pro­vie­ne”, expli­ca Mau­ri­cio Cas­tro, coor­di­na­dor de Vino­di­ná­mi­cos, orga­ni­za­ción que agru­pa a viti­cul­to­res que pro­du­cen vino orgá­ni­co en la Argentina.

Igna­cio Mar­tí­nez Lan­da, direc­tor de Mar­ke­ting y Comu­ni­ca­cio­nes de Domai­ne Bous­quet, coin­ci­de: “Hay muchos con­su­mi­do­res que bus­can los pro­duc­tos orgá­ni­cos ya hace tiem­po. Esto comen­zó pri­me­ro con los ali­men­tos y va pasan­do de cate­go­ría en cate­go­ría. El vino tam­bién entró den­tro de esta ten­den­cia y el con­su­mi­dor hoy quie­re tener tra­za­bi­li­dad de los pro­duc­tos, por­que cree que uno hecho de for­ma orgá­ni­ca muchas veces es mejor que otro pro­du­ci­do de for­ma con­ven­cio­nal en cuan­to a sus bene­fi­cios para la salud”.

Pero, ¿qué se con­si­de­ra hoy vino orgá­ni­co? Es aquel ela­bo­ra­do a par­tir de uvas pro­ve­nien­tes de viñe­dos en los que no se emplean pro­duc­tos de sín­te­sis quí­mi­ca (fer­ti­li­zan­tes, her­bi­ci­das, pes­ti­ci­das), y que gra­cias a un mane­jo racio­nal de los recur­sos natu­ra­les man­tie­ne o incre­men­ta la fer­ti­li­dad del sue­lo y su diver­si­dad bio­ló­gi­ca. De la adhe­ren­cia a esos pre­cep­tos dan cuen­tan las dis­tin­tas cer­ti­fi­ca­cio­nes que en la Argen­ti­na otor­gan cua­tro enti­da­des –Argen­certLetis, OIAFood Safety–, que garan­ti­zan la tra­za­bi­li­dad de todos los pro­ce­sos invo­lu­cra­dos en la pro­duc­ción del vino.

Los regis­tros más recien­tes indi­can que 161 fin­cas argen­ti­nas han sido cer­ti­fi­ca­das como orgá­ni­cas –suma­das ocu­pan una super­fi­cie de 6240 hec­tá­reas– y que son 53 las bode­gas que pro­du­cen vino bajo dicha cer­ti­fi­ca­ción. Pero si bien cada vez más con­su­mi­do­res argen­ti­nos adop­tan el vino orgá­ni­co, la enor­me mayo­ría se expor­ta. El 75% de los vinos orgá­ni­cos pro­du­ci­dos en la Argen­ti­na se con­su­me en Euro­pa; otros mer­ca­dos rele­van­tes para el vino orgá­ni­co argen­tino son Esta­dos Uni­dos (4%) y Japón (3%).

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Los regis­tros más recien­tes indi­can que 161 fin­cas argen­ti­nas han sido cer­ti­fi­ca­das como orgá­ni­cas, suma­das ocu­pan una super­fi­cie de 6240 hectáreas.

Salto en calidad 

Los vinos orgá­ni­cos están en una exce­len­te situa­ción, debi­do a la popu­la­ri­dad que ha gana­do este movi­mien­to en gene­ral.  Esto ha oca­sio­na­do un efec­to de arras­tre que aumen­tó su pre­sen­cia en el mer­ca­do. Como con­se­cuen­cia, las bode­gas hemos tra­ba­ja­do mucho y por ende ha mejo­ra­do enor­me­men­te la cali­dad de los vinos que hay hoy dis­po­ni­bles”, comen­ta Matías Cicia­ni Soler, enó­lo­go de Esco­rihue­la Gascón.

El sal­to en cali­dad es uno de los aspec­tos más des­ta­ca­bles que se obser­va en los vinos orgá­ni­cos. “Hay una rup­tu­ra de la creencia/paradigma de que los vinos orgá­ni­cos son malos. La gen­te está empe­zan­do a enten­der que el con­cep­to de vino orgá­ni­co que se mane­ja­ba hace unos años tenía foco en el cui­da­do del ambien­te y deja­ba en segun­do plano la cali­dad. Aho­ra se bus­ca que el vino sea bueno y, ade­más, orgá­ni­co”, opi­na por su par­te Facun­do Bona­mai­zón, inge­nie­ro agró­no­mo de la bode­ga Chakana.

Al igual que la cali­dad, la diver­si­dad del vino orgá­ni­co argen­tino tam­bién es cada vez mayor, aun cuan­do es noto­ria la can­ti­dad de vinos orgá­ni­cos que tie­nen al Mal­bec como cepa: Esco­rihue­la Gas­cón Orga­nic Vine­yard Mal­bec, Saint Feli­cien Mal­bec Orgá­ni­co, Fami­glia Bian­chi Mal­bec Orgá­ni­co, El Burro San­ta Julia y Ben­Mar­co Sin Lími­tes Mal­bec Orgá­ni­co son vinos muy bien logra­dos. Pero fue­ra del Mal­bec tam­bién hoy pode­mos dis­fru­tar de un Lagar­de Orga­nic Rosé, un Ani­mal Char­don­nay Orgá­ni­co, un Alpa­man­ta Esta­te Caber­net Franc, un Doña Sil­vi­na Torron­tés o inclu­so un vino espu­mo­so como el Domai­ne Bous­quet Brut.

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